La principal diferencia está en la textura, la densidad nutricional y la digestibilidad.
El air-dried tiene una textura mucho más atractiva y una palatabilidad significativamente superior a la del alimento seco tradicional. Al tratarse de un alimento hasta cuatro veces más denso nutricionalmente, aporta más nutrientes en menor cantidad, lo que reduce la carga digestiva y favorece una mejor asimilación.
El proceso de air-dried conserva mejor los nutrientes esenciales que otros métodos de elaboración, mejorando la biodisponibilidad de los ingredientes. Además, se conserva a temperatura ambiente, sin necesidad de refrigeración, y una vez abierto se recomienda consumirlo en un plazo de 30 días para mantener su frescura óptima.